viernes, 30 de abril de 2010

Hijo de la mañana - Linda Howard


Título original: Son of the morning
Autora: Linda Howard
Género: Viajes en el tiempo

Editorial: Titania






Grace St. John cree tenerlo todo para ser feliz: un marido y un hermano a los que quiere y una carrera prometedora y apasionante en una fundación dedicada a la excavaciones arqueológicas. Ford, su marido, y Bryant, su hermano, también trabajan para dicha fundación, concretamente como arqueólogos, mientras que Grace transcribe y traduce documentos.

Una noche es testigo de cómo su jefe, y también director de dicha fundación, asesina a Ford y Bryant para sonsacarles el paradero de Grace y de los documentos que ésta está traduciendo.

A partir de ese momento la vida de Grace sufre un vuelco repentino. A la pérdida de sus seres amados se suma el convertirse en una fugitiva que huye para salvar su vida y poder probar su inocencia, ya que se le acusa del asesinato de ambos. Mientras trata de descifrar qué contienen los documentos que causaron la muerte de Ford y Bryant. Los documentos datan del S. XIV y le conducen a la legendaria figura de los caballeros templarios y a un hombre: Black Niall, un escocés que perteneció a la orden y que posteriormente, según desvelan los datos, se convirtió en el guardián de un tesoro que se supone se oculta en la fortaleza de Creag Dhu.

Los escritos describen a Niall como un hombre que es una leyenda. De hecho, durante un tiempo Grace dudó de si fue realidad o sólo un mito. Pero finalmente descubre que realmente sí existió. De él encuentra leyendas y hazañas tanto como guerrero y guardián como amante que han trascendido a lo largo de los siglos. Poco a poco la imagen de Black Niall comienza a perseguir a Grace, se le aparece en sus sueños seduciéndola y despertando en ella emociones como jamás antes ha sentido. Dividida entre la culpabilidad y un deseo desconocido hasta la fecha, se siente más y más fascinada por Niall, cuyos verdaderos orígenes permanecen ocultos entre suposiciones y mitos.

No obstante, los asesinos de su familia le siguen la pista, convirtiéndose en su sombra. Y también es perseguida por la policía que la cree sospechosa de los asesinatos. Sólo la capacidad de supervivencia y una fortaleza de la que no se creía capaz permiten a Grace seguir adelante en sus investigaciones y en su huida.

Pero llega un momento, una vez descifrados los documentos, en que comprende que la única opción viable para derrotar a la Fundación que le sigue los pasos, es viajar al siglo XIV y encontrar a Niall y al tesoro que éste guarda, el tesoro templario tras el que también andan los asesinos de su familia y que parece la causa de todo cuanto ha sucedido.

Hijo de la mañana es una novela que, aunque se centra en un viaje en el tiempo, aúna también una trama de suspense trepidante y una historia de amor inolvidable. De hecho, yo casi clasificaría la novela como de suspense romántico, ya que la inmensa mayoría del libro se centra en las investigaciones que realiza Grace, en el significado de los documentos, así como en la huida y los misterios que la rodean a ella y a la oscura Fundación.

El viaje en el tiempo y, por tanto, el encuentro entre Grace y Niall, los protagonistas, no se produce hasta muy avanzado el libro, hecho que, en mi opinión, es el punto más débil de la novela, ya que durante un gran parte de la trama los protagonistas no se conocen, al menos no se encuentran físicamente, excepto a través de sueños, pensamientos y un contacto que sólo es producto de sus mentes o de magia… Pero pese a ello, me parece una novela magistral que aúna una trama de suspense romántico y de viajes en el tiempo de un modo brillante. Sin duda, sus protagonistas son dos de los mayores atractivos de la historia; no obstante, creo que la trama en la que se sustenta toda la novela está muy bien engranada y también hacen de ésta una historia que merece la pena leer.


El personaje de Grace me ha sorprendido mucho porque inicialmente se nos describe como una mujer simplemente normal, que no destaca ni por su físico ni por su carácter. En apariencia (o más bien en ese momento de la novela) es una mujer que tiene su vida construida y organizada junto a su marido y su hermano. Su trabajo es muy importante para ella y no prevee cambios drásticos. No obstante se producen. Su vida se desmorona tras la muerte de sus seres queridos, tras perder la vida que siempre ha conocido y convertirse en un fugitiva que huye con lo puesto, una mujer que se las ingenia para sobrevivir día a día y a la vez huir de sus enemigos. Todo esto supone una transformación del personaje de Grace, a nivel físico y a nivel mental. Desde ese momento estamos ante una protagonista luchadora, indoblegable y tenaz capaz de todo por la venganza y por hacer justicia.

En cuanto al personaje de Niall… es un protagonista muy masculino, fuerte, rudo, implacable y hasta peligroso. Es un hombre lleno de contradicciones, o eso parece a simple vista. Y es ante todo una leyenda que es mejor ir conociendo en la lectura.

El que tarde en producirse el encuentro de la pareja, nos priva de más escenas de este personaje, ya que sólo vislumbramos una parte de cómo es. No es hasta más adelante que vemos y conocemos realmente a Niall. No obstante, es lógico por como se desarrolla la novela y el fin que se persigue. Pero también, como novela romántica me parece uno de sus puntos débiles. Por ello, me parece más una novela de suspense romántico con viaje en el tiempo. Una combinación un poco difícil de explicar, pero es como veo la novela.

Como personajes secundarios, cuenta con un plantel variado e interesante: personajes que viven en el presente y personajes que viven en el pasado, así como el nexo que existe entre algunos. Otro de los puntos más atractivos, en mi opinión, y que es un pilar de la novela es la figura de los caballeros templarios, los mitos que los rodean, y el tesoro de estos. Además aparecen personajes históricos como el Rey escocés, vinculados a Black Niall.


En definitiva, Hijo de la mañana me ha parecido una novela trepidante, intensa, con una base muy sólida y bien desarrollada, que une el suspense romántico y la novela paranormal, con un resultado en mi opinión excelente. Cuenta con elementos suficientes para despertar mi interés, razón por la que la lectura me ha parecido apasionante. Y aún y contar con un protagonista que exuda virilidad y rudeza por la piel, muy del estilo de Linda Howard, es un protagonista que muestra muchas otras facetas: es un hombre legendario, tiene un mente brillante, astucia, intuición… en fin que aún siendo un protagonista muy en la línea de Linda Howard, a mí me ha sorprendido.

miércoles, 28 de abril de 2010

Agradecimientos


Quiero dar las gracias a las críticas y comentarios, tanto los positivos como menos positivos, tantos los extensos como los breves que ha recibido hasta ahora Luna de Tor en El Rincón Romántico y Entre libros. A veces no es necesaria una valoración muy extensa, unas pocas palabras dicen y transmiten mucho. ¡Gracias por leerla y hacerme llegar vuestras opiniones!

Y gracias también a Románticas al horizonte, en cuyo escaparate de novelas recomendadas en abril ha colocado a Luna de Tor, dedicándole unas preciosas palabras.

Gracias a las amigas que siempre tienen una palabra y una sonrisa para mí. Gracias por vuestras noticias, fotos, seguimientos....

Un abrazo

domingo, 25 de abril de 2010

Magia

- Jana, presta atención y escucha el susurro de la tierra. Si lo haces, descubrirás el verdadero significado de la magia.

Con suavidad, la cadenciosa voz de su madre flotó en el aire como una caricia, rodeando a la pequeña.

El adormilado rostro de la niña se despejó repentinamente. Abrió desorbitadamente sus enormes ojos grises. “¿Escuchar la voz de la tierra? ¿Cómo iba a hacer tal cosa?”

- Sí, no me mires así, como si no me entendieras. Te lo he repetido infinidad de veces, hija. Concéntrate. Deja que sea la energía que fluye de los árboles, del aire, del agua o incluso de la tierra, la que te hable. La naturaleza es sabia. Ella te dirá en todo momento lo que necesitas saber, pero para ello debes aprender a escuchar su voz.

Su madre hablaba con tal convicción que disipó las firmes creencias de Jana de que aquello era totalmente imposible. Pero llevaban demasiadas horas enfrascadas en esas extrañas lecciones, y ella no era capaz de oír ni un murmullo. Había agudizado sus sentidos, al menos tanto como una niña de ocho años era capaz. Sin resultados.

Agotada, recostó la espalda contra la corteza lisa y grisácea del naranjo tras ella. Levantó la mirada hacia la frondosa copa para observar las exuberantes ramas cubiertas de hojas ovaladas. Entre los brotes de un verde intenso y los racimos de la flor de azahar, se ocultaban unos pajaritos. Podía oírlos, aunque no al dichoso árbol.

El sol las traspasaba tenuemente y creaba una sombra apacible. El clima era benignamente agradable: una suave brisa soplaba agitando las briznas del césped perfumado y las vistosas florecillas que se diseminaban sobre él. Aunque desde su posición no podía verlo, sabía que aquel día el cielo se engalanaba con un manto azul celeste y turquesa que se extendía hasta la Sierra Norte, y se desdibujaba en el horizonte.

No pudo reprimir un sonoro bostezo que trató de esconder detrás de su mano, sucia de tierra tras haber excavado madrigueras en el jardín. Su madre le había sorprendido en tales travesuras, y le había hecho sentar bajo el viejo naranjo para aleccionarla sobre la magia de la tierra, los árboles y las estrellas.

Al principio le había parecido divertido.

Creía que le explicaría alguna bonita leyenda o fábula como las que le contaba cada noche antes de irse a dormir, pero no, aquello no se parecía en nada a un cuento. Su madre trataba que comprendiera algo incomprensible. ¡Decía que el naranjo sobre el que se apoyaba podía hablar! Pero no era así. Había tratado de oírlo. ¡Incluso había pegado la oreja al tronco, en un intento por captar algún susurro! Sólo el latido de su corazón, y el alegre trino de los petirrojos retumbaban bajo la perezosa tarde primaveral.

Había un nido entre las ramas del árbol. Sentada como estaba en el suelo, había descubierto su ubicación. Pensó que si no podía hacer una madriguera -como habían sido sus planes iniciales- entonces lo que haría sería trepar por el tronco para ver el nido. Aquello sería tan emocionante… ¿Habría pajaritos?

- Mamá, estoy cansada. El árbol no quiere hablar conmigo, ni la tierra, ni siquiera el sol -se quejó.

- ¡Claro que quiere, Jana! Pero debes estar dispuesta a oírlo.

- Mamaá, me aburro. Quiero correr por el jardín, quiero hacer una madriguera para el conejito que me ha regalado la abuela, y quiero buscar nidos -exclamó levantando

al aire sus sucias manitas en un gesto de impotencia-. No quiero hablar con el árbol -gimoteó.

- No seas malcriada, Jana -acarició con suavidad las pequeñas manos que se crispaban en dos puños- .Vamos, será divertido -trató de engatusarla.

Sin embargo la niña no borró el rictus de hastío de su rostro, sino que cruzó sus delgados bracitos sobre su pecho para mostrar su disconformidad.

La dulce mirada castaña de Nora se posó sobre su hija. Estudió su desaliñada apariencia. Por más que la regañara, Jana siempre acababa despeinada, con las ropas rasgadas y las rodillas llenas de arañazos. Se cercioró de que sus cabellos, de un brillante castaño rojizo, sobresalían de las pulcras trenzas en los que se los había peinado esa mañana. Probablemente se las hubiera enredado en algún arbusto, persiguiendo mariposas o Dios sabía qué. Los enormes ojos grises de la niña, ligeramente rasgados, estaban vidriosos por el sueño. Pestañeó varias veces.

- Venga, inténtalo una vez más -trató de engatusarla, pero la niña la miró con desconfianza.

- Cierra los ojos y escucha lo que te rodea.

Nora creía sinceramente que una vez su hija descubriera el significado de la magia, se mostraría más receptiva.

La niña obedeció con renuencia. Aquél parecía ser un juego muy extraño, pero… tal vez si fingía hacer lo que su madre le pedía, lograra regresar antes a sus juegos. Así que cerró los ojos con fuerza.

- Relájate, Jana.

La voz de su madre era un susurro en la oscuridad, su sonido era adormecedor. Luchó por reprimir otro bostezo, y sintió una suave caricia sobre su frente y cabellos.

- Respira con suavidad -la instruyó con paciencia, sin dejar de acariciarla.

Jana trató de hacerlo. Era complicado, pero el tono de voz de su madre le indicaba que eso la hacía feliz. Mamá no parecía feliz ni sonreía a menudo; tampoco la abuela, si se ponía a pensar en ello. Ella las había sorprendido muchas veces mirando con tristeza a través de la ventana, como si esperaran la llegada de alguien… y eso no le gustaba. Así que… bien podía hacer un intento, ¿no?

Casi sin percatarse, fue relajándose y respirando con fluidez.

- Ahora dime qué oyes - susurró su madre.

Jana lo meditó durante unos segundos. “Nada”. Pero antes de dar voz a sus palabras, algo rasgó el aire. Una sonrisa de satisfacción perfiló sus labios: había captado un sonido.

- Oigo los pajaritos sobre el árbol. Creo que están hablando entre ellos -rió-. Creo que deben tener hambre, pero su mamá habrá ido a buscar gusanitos. ¿No te parece? -preguntó con gran interés.

- Seguro que sí -la mujer también rió-. ¿Qué más puedes oír?

- Mmm, creo que… -se detuvo insegura, era difícil identificar los alrededores sin verlos- las ramas del árbol se mueven. Parece como si hablaran en voz baja -susurró divertida.

- ¿Oyes qué es lo que las mueve, Jana?

La niña arrugó el ceño concentrándose. Aquella era una pregunta más complicada, pero permaneció con los ojos cerrados tratando de captar un rumor o un susurro que lo desvelara.

- El aire -dictaminó con satisfacción después de oír cómo susurraba contra el naranjo. Las hojas se agitaban perezosamente, entonando una alegre cancioncilla.

- ¿Oyes cómo te habla? -insistió firme, pero pacientemente, Nora.

Jana abrió los ojos desvelando unos iris grises brillantes en los que se reflejaba una evidente curiosidad.

- ¿Me habla? -preguntó sorprendida. Su boquita formó una O perfecta ante tamaña noticia.

- Claro que sí, pequeña -afirmó su madre rotundamente, secundando sus palabras con un suave gesto de cabeza.

- ¿Qué me dice? -se interesó con creciente interés. Parpadeaba como un búho, presa de la agitación.

- Para saberlo debes prestar mucha atención, Jana -la instruyó su madre-. Es un don.

- Pero es que no lo entiendo, mamá -se quejó con cansancio mientras se rascaba la nariz-. ¿Tengo yo ese don?

La mujer agitó la cabeza en señal de asentimiento.

- Claro que lo tienes y cuando estés preparada, lo entenderás.

- ¿Y cuándo será eso? ¿Cuándo, mamá? Yo quiero entenderlo ahora -se quejó.

- ¿Qué quieres entender, Jana? -preguntó alguien sobre las cabezas de madre e hija sentadas sobre el césped.

- Al viento -explicó con orgullo a su abuela, cuando ésta se aproximó hasta ellas.

La expresión en el rostro de la mujer se ensombreció bruscamente, pero una dulce sonrisa suavizó sus labios mientras se acercaba a su nieta. Agachándose hasta igualar su altura, la besó ruidosamente en la mejilla haciéndola reír.

- Abuelaa, me haces cosquillas -se quejó.

- ¡Qué quejica eres! Eso no son cosquillas, Jana. Esto sí que lo son -dijo antes de pasar repetidamente los dedos por sus costados para hacer que la pequeña se estremeciera de risa. Sus escandalosas carcajadas retumbaron por todo el jardín.

- ¡Abuelaa! -chilló mientras trataba de zafarse de ésta, pero secretamente estaba encantada con aquel juego. Le gustaba cuando su abuela hacía esas cosas, como le gustaba el olor a canela y limón que desprendían sus ropas. Seguramente había preparado tarta de limón para la cena, pensó relamiéndose de anticipación.

Riendo, la mujer mayor la instó a ponerse en pie. Le sacudió la falda de su pichi tejano, le subió los calcetines, arrugados sobre sus escuálidos tobillos, y peinó con los dedos los cabellos que caían sobre sus ojos, dificultándole la visión. Limpió con el borde del delantal, atado a su cintura, la tierra que manchaba la naricita pecosa de su nieta. Se le encogió el corazón al ver la expresión dulce y confiada en su rostro. Estaba decidida a no permitir que nada ni nadie la hiriera, aun si eso conllevaba ocultarle la magia que circulaba por sus venas. Algo que su tozuda hija no parecía estar dispuesta a hacer.

Agachándose hasta igualar la altura de la pequeña, Edna pasó repetidas veces las yemas de sus dedos sobre los rasguños de las rodillas mientras canturreaba una cancioncilla. Jana no la entendió, pero le gustaba ese sonido y la cálida sensación que se formaba en el punto donde su abuela la tocaba. Poco a poco, las heridas fueron desapareciendo. Su piel quedó lisa y sin máculas, como si los arañazos nunca hubieran estado allí.

- Ohhh - Jana boqueó maravillada.

- Venga, ve a jugar un poco antes de que anochezca -dijo palmeándola con suavidad en el trasero.

- ¿También aprenderé a hacer eso, abuela? -gritó extasiada, pensando que tal vez, sólo tal vez, aquellas lecciones no fuesen tan aburridas después de todo.

La mujer cabeceó triste y en silencio.

Jana les dio la espalda cuando súbitamente recordó algo que la hizo volverse:

- ¿Has hecho tarta de limón, abuela? -Un brillo expectante se reflejaba en su mirada, una sonrisa radiante en los labios que desvelaba la falta de uno de sus dientes.

- Sí, pero ahora ve a jugar -la instó con una sonrisa-, pronto anochecerá.

El ruidoso y excitado grito infantil retumbó bajo el viejo naranjo. Los petirrojos en la copas trinaron con más fuerza, las ramas se balancearon con mayor ímpetu e, incluso, el viento sopló con más energía. Pétalos de la flor de azahar cayeron, como copos de nieve, sobre las trenzas de la pequeña creando un halo blanquecino a su alrededor.

Alzando su carita hacia el árbol, rió con más fuerza y después echó a correr despreocupadamente con los brazos en alto. Las dos mujeres, madre e hija, se quedaron a solas.

- ¿Por qué has hecho eso, mamá?

- Deja a la niña en paz, Nora. Sólo tiene ocho años, no deberías meterle esas tonterías en la cabeza -habló con acritud.

- Esas tonterías están en su sangre. Jana tiene el don, al igual que tú o yo. Es absurdo ocultárselo o negarlo. Debe aprender a hacer buen uso de él y aprender a escuchar las señales -la rebatió su hija.

- Eso son estupideces, Nora. La niña no tiene necesidad de pasar por todo eso. Ni a ti ni a mí no nos ha reportado nada más que desdichas. ¿Quieres el mismo destino para tu hija?

Nora Ros bajó la voz hasta convertirla en un murmullo, posó una mano sobre el puño crispado de la otra mujer y habló con el corazón:

- Mamá, no hay nada malo en nosotras. No es culpa nuestra que algunas personas no entiendan el maravilloso don con que hemos sido bendecidas. Jana es una privilegiada -apretó los dedos sobre los trémulos de su madre para aplacar sus quejas-. Todas nosotras lo somos. No tiene por qué repetirse con ella nuestra historia. Tal vez Jana conozca a un hombre que no le asuste el hecho de que sea diferente,

Sus labios se distendieron en una apenada sonrisa que no alcanzó a reflejarse en sus suaves ojos color miel. Bajo el ímpetu del viento la larga cabellera negra de Nora acarició su rostro. El brillo de las lágrimas en los ojos de su madre la angustió.

- No quiero que sufra -admitió ésta con voz temblorosa, luchando por contener el llanto que, irreprimible, enronquecía su voz.

- Ni yo, mamá. Pero no podemos negar lo que somos, igual que no podemos evitar los designios del destino.

Mientras hablaba secaba con los nudillos las lágrimas que ya le surcaban el rostro.

- Mírala, ¿acaso no parece feliz en estos momentos? -añadió señalando a la niña que correteaba por el jardín entre gritos y risas mientras el viento parecía perseguirla con los brazos extendidos.


Magia©Mariam Agudo


lunes, 19 de abril de 2010

Una rosa en invierno - Kathleen Woodiwiss

Título original: A rose in winter
Autora: Kathleen Woodiwiss

Género: Romántica histórica
Editorial: Vergara/Plaza & Janés







La vida de Erienne Fleming sufre un vuelco inesperado el día que conoce al apuesto y libertino Christopher Seton, quien se presenta en la puerta de su casa dispuesto a cobrar las deudas de juego que el padre de la joven ha contraído con él.

Avery Fleming, el padre de la chica, decidido a pagar sus deudas de juego no deja de buscar pretendientes que, ávidos por casarse con la hermosa joven, solucionen sus problemillas económicos. Los pretendientes son de lo más variopinto : viejos verdes, degenerados, decrépitos y todas las gamas posibles, no ciertamente lo que se dice un buen partido.

A esta lista de candidatos se une Christopher Seton, pero sus intenciones lejos están del matrimonio. Embelesado con la belleza de Erienne se propone seducirla, algo que no está lejos de conseguir, pero el descubrir que el señor Seton es el mismo que lisió a su hermano Farrell en un duelo, resta puntos a ojos de la joven.

Avery Fleming, harto de que su hija rechace a tan “prolíficos” pretendientes, organiza una subasta para que el mejor postor se case con ésta. Erienne, horrorizada, se encuentra sin darse cuenta sobre la tarima de tan descabellada subasta y casada con un misterioso caballero que, si bien es inmensamente rico, está lisiado y desfigurado, por lo que siempre oculta su rostro con una máscara de cuero.
Pese al temor que Lord Stuart Saxton, su marido, despierta en ella y con tal de alejarse de su inescrupuloso padre, Erienne no pone demasiados reparos. Tampoco tiene otra alternativa, ya que el bribón señor Seton no interviene -como es de esperar en un caballero- y la salve de tan funesto destino.

Instalada en la lóbrega mansión Saxton, Erienne inicia la convivencia con su aterrador y misterioso marido, quien jamás le permite ver su rostro desfigurado.
Pero pese al aspecto intimidante de éste, descubre en él a un hombre honorable y de buen corazón que no sólo se desvive por complacerla, sino que se jura enamorado de la joven.
Sin embargo, el persistente Christopher Seton no está dispuesto a renunciar a Erienne, sino que gracias a una lejano parentesco con Saxton, se cuela en su vida y aprovecha para tratar de seducirla y en cuanta ocasión se le presenta.

Erienne se encuentra dividida entre el sinvergüenza pero atractivo Christopher y el intachable y leal Stuart. A su pesar se siente atraída por ambos hombres, y en la disyuntiva de a quien entregar su corazón.

Mientras tanto una red de conspiraciones, asesinatos y chantajes se producen en la región. El padre de Stuart Saxton ya fue asesinado por una turba para desproveerlo de sus propiedades. Christopher sospecha que una nueva conspiración se está fraguando, tras el regreso del nuevo Lord a sus dominios, y pese a la rivalidad con éste por el corazón de Erienne, está dispuesto a intervenir.

Una rosa en invierno es sin duda una de las grandes novelas históricas. Es, seguramente como en mi caso, la causante de que muchas lectoras se enamoraran de este género.
La trama, la ambientación, los personajes… se conjugan hábilmente para seducir al lector.
El triángulo entre Erienne, Christopher y Stuart da pie a una trama apasionante. A medida que avanzas en la lectura vas intuyendo muchos de los interrogantes que crea Kathleen Woodiwiss, pero pese a ello, la novela atrapa por la ambientación y sus personajes, la riqueza narrativa de las descripciones, los ingeniosos diálogos y la profunda y hechizante trama romántica.

Christopher Seton es uno de los protagonistas más carismáticos que he leído. Su carácter pícaro, bribón pero la humanidad y profundidad de sentimientos que esconde tras esa aparente despreocupación, calan muy hondo.
Erienne es una protagonista muy en la línea a las que nos tiene acostumbradas K. Woodiwiss, una joven de gran belleza, dulce, pero con carácter. Pero pese a tanto dechado de virtudes es una protagonista que, a mi particularmente, me gusta mucho porque vemos cómo crece y evoluciona, cómo enfrenta sus problemas y cómo se encara al mismísimo Christopher Seton en un duelo de voluntades e ingenio.

Una rosa en invierno es una novela de las “obligadas” por decirlo de algún modo porque conjuga romance, misterio, aventuras, risas y muchas emociones.
Es una de las novelas clásicas y pese al tiempo transcurrido desde que la leí por primera vez, es una de mis preferidas.

En cierto modo recuerda un poco la trama de la bella y la bestia, pero bajo una ambientación diferente, personajes y situaciones muy diferentes. Es en definitiva una historia distinta, pero ese toque oscuro, melodramático, los personajes de Christopher, Erienne y el misterioso Stuart crean una novela apasionante e inolvidable.
En Una rosa en invierno Kathleen Woodiwiss nos adentra en una historia de amor atemporal, de ésas que perduran en tu memoria. Creo que es una de sus mejores obras y una de las joyas de valor incalculable del género romántico.

miércoles, 14 de abril de 2010

Y llegó el día...

No sé si hoy se cumple el aniversario del hundimiento del Titanic o de la república pero tanto da. Sea como sea para mí hoy la luna saldrá un poquito antes. Después de meses de nervios, de emociones y vivir mil y una sensaciones diferentes, desde hoy estará en las librerías Luna de Tor.

Es un pequeño sueño que hoy se hace realidad. Sé que en gran parte es responsable el cariño y la confianza incondicionales de un montón de personas que me han animado, acompañado y soportado durante estos meses, sin las que estoy convencida no hubiera sido posible.

No tengo palabras para daros las gracias porque “gracias”me parece muy pequeño pero... ¡¡GRACIAS!!

Sé que sólo es un día más del calendario y no es uno en que vaya a decidirse nada crucial en mi vida, pero es especial, sin duda. Para quienes habéis aguardado para leer Luna de Tor, espero que encontréis en sus páginas lo que buscabais o, como mínimo, lleguéis a la última página con una sonrisa en los labios. Deseo que así sea.

Pero, en cualquier caso, gracias por vuestro cariño y simplemente por leerla.

Un abrazo


martes, 13 de abril de 2010

Superstición y... una leyenda

Superstición... martes 13

Más de medianoche y martes 13. ¿Sois supersticiosos? La verdad es que yo no lo soy, tampoco lo considero un día de mala suerte. No sé si por revertir la llamada “mala suerte” que se supone lo acompaña, pero hay para quienes es un día de buenos augurios. Y prefiero encararlo así, como un nuevo día.

Pero de sobras es conocida la superstición que rodea a este día y las connotaciones que tiene y, como soy de la opinión de que un buen augurio y un recuerdo agradable sirven para romper cualquier efecto negativo que hubiera, he esperado pacientemente a que el reloj diera las 12 para abrir esta entrada...

La leyenda la flor de edelweiss

Se dice que igual que se espera el amor, entre los riscos la flor de edelweiss aguarda por alguien la descubra. En la antigüedad se creía que para demostrar su amor un hombre debía escalar más de dos mil pies de altura, a través de empinadas montañas hasta dar con ella. Oculta, casi camuflada, era difícil de encontrar, pero el hallarla y entregarla a la mujer amada era la mayor demostración de amor posible.

En apariencia es una única flor; en realidad es un conjunto de diminutas florecillas agrupadas en torno a un corazón amarillo. Parece frágil pero su fortaleza es innegable, ya que sobrevive a altísimas latitudes y resiste a temperaturas extremas. Tal vez es eso la que la hace objeto de leyenda o, tal vez, el significado que se le confiere. Dicen que tomó su color de los rayos de luna y que representa la realización de los más anhelados sueños y del amor...

También dicen que todo esto no es más que una leyenda pero, en cualquier caso, para mí es un buen augurio.

Y os preguntaréis qué relación guardan martes 13 y esta leyenda... pues ninguna, pero creo que es un modo o de empezar el día con un buen augurio. Además me da la excusa perfecta para compartir esta leyenda.

¡¡Feliz día!!


viernes, 9 de abril de 2010

El reto de Románticas al Horizonte



Hace unos días, con motivo de la próxima publicación de nuestras novelas, las chicas de la web Románticas al horizonte nos propusieron a Ángeles, Érika y a mí hacer una entrevista. Tal vez debería decir que nos retaron a una entrevista porque, como veréis, ha sido un poco peculiar... y muy divertida.

Románticas al horizonte nos hizo la primera pregunta y, a partir de ahí, Ángeles, Érika y yo misma fuimos formulando las siguientes, una después de otra.
Llegó un momento en que, sinceramente, no sé qué fue más complicado si responder a la pregunta de mis compañeras o formularla yo. Entre bromas, risas y también un poco de premeditación y alevosía (hay que decirlo) la entrevista fue fluyendo y pasamos unos días muy amenos.

Para no ser entrevistadoras profesionales, creo que el resultado no está nada mal. Pero como tampoco somos entrevistadas profesionales y lo hemos hecho con cariño y ganas de divertirnos.

Si os apetece leer la entrevista podéis hacerlo en la web Románticas al horizonte. Aquí os dejo el enlace.

Desde hace unos días también podéis descargar allí los primeros capítulos de nuestras novelas. Os dejo también el enlace de Luna de Tor.

De nuevo, gracias a Loli, Anny y Nur por darnos la oportunidad de realizar esta entrevista y por el buen rato que sé que, tanto yo como mis compañeras, hemos pasado.

Un abrazo

lunes, 5 de abril de 2010

Tor y la montaña maldita

Tor es una pequeña aldea del Pirineo leridano, situada en la región que limita con Andorra, de la que probablemente habréis oído y leído en prensa por motivos que nada tienen que ver con los que narro en mi novela.

Pero sí, evidentemente, Tor es una población real.

Son muchas las páginas de periódicos y libros que se han escrito sobre Tor y la montaña maldita, son muchas las horas que se han llenado con informativos sobre hechos acontecidos allí. De hecho la acepción de montaña maldita no es producto de mi imaginación, sino que tiene una razón de ser dentro y fuera de la novela.

Tampoco es cuestión de explicar ahora qué sucedió en Tor, de qué hechos reales hablo pues, sinceramente, los conocimientos que tengo sobre los mismos son los que he leído en periódicos u oído en documentales en televisión y no es a hilo de ello que he querido escribir estas palabras.

Se han escrito algunos libros sobre el tema que reflejan las investigaciones realizadas sobre estos hechos y que están basados en la tragedia que sucedió en Tor hacia varias décadas.

Pero al margen de noticias y sucesos reales, Tor es también el marco dónde nace y se desarrolla la historia de amor que narro en Luna de Tor.

Y esta historia es ficticia desde la primera a la última página, así como los personajes que la protagonizan y aparecen a lo largo de sus páginas. El que está ambientada en este pequeño enclave pirenaico, no guarda relación alguna con nada de lo que sucedió en la vida real. Tor es un escenario como podría haber sido otro.

Antes de escribir esta novela, mientras le daba forma en mi cabeza, tenía muy claro qué iba a suceder. Aunque a veces, según se desarrollaban los capítulos no ocurría exactamente cómo tenía en mente antes de escribirlos, pero el cómo, dónde y cuándo de la historia de amor de Áurea e Isaac, los protagonistas de Luna de Tor, eran ejes inamovibles.

Cuando nació en mi mente el personaje de Isaac sabía que en el pasado había vivido una tragedia, incluso cuál y cómo. Escoger la aldea de Tor no fue premeditado. Si soy sincera no tenía un lugar en mente, sólo que debía ser un pueblo recóndito de los Pirineos porque era en ese marco, y no otro, dónde debía nacer la historia de Isaac y Áurea.

Así que, mirando un mapa barajé nombres y posibilidades y, por encima de todas, me llamó la atención Tor.

¿Por qué?

En primer lugar por el nombre. Porque evoca a Thor, el Dios escandinavo, de hecho tal como cuento en la novela, se cree que es en honor a este Dios que pudo tomar su nombre la aldea.

Al principio no asocié la tragedia de Tor con la de Isaac, ¿cómo iba a hacerlo? No hay semejanza posible, pero cuando se encendió la lucecita en mi cabeza que me advirtió de esa coincidencia, me dije que no podía cambiar de lugar ni hacer desaparecer la montaña maldita, pues era parte de la historia que deseaba contar. Isaac y Áurea debían conocerse y enamorarse en Tor.

En realidad el lugar en que sucede esta historia casi es anecdótico, bien podría tratarse de una aldea imaginaria o de otro lugar. Aunque he tratado de reflejar el ambiente característico de un sencillo y pequeño pueblo perdido en Los Pirineos, pienso que lo más importante es la historia de amor que encierra en sus páginas pero el lugar en que sucede siempre es importante y trascendental.

Pero creo que es perentorio que, en respeto a algo que marcó la vida y la historia de esta aldea, a causa de hechos reales y más de esta índole, no está de más hacer esa pequeña aclaración. Tor existe pero Luna de Tor es única y exclusivamente producto de mi imaginación, así como muchas de las peculiaridades de las que la doto.

Tor, sus montañas y bosques son un marco nevado, un tanto mágico, rodeado de creencias, supersticiones y leyendas que se respiran en el frío viento que resuena entre los árboles y el río. Es la aldea donde un hombre y una mujer se conocen y enamoran. Nada más.

Son los miedos y las dudas de uno y de otro, así que cómo la presencia de alguien, dispuesto a separarlos, algunos de los obstáculos que deben superar, pues en Luna de Tor el amor y el odio son los ejes de todas las maldiciones que les acechan y, ésas, no puedo atestiguar que guarden parecido con ningún hecho real.

Mientras escribía Luna de Tor llegué a leer leyendas y costumbres arcaicas alrededor de esta región. Algunas quedan recogidas en la novela, otras no. Pero hay algunas tan bonitas que, en el futuro, me gustaría dedicarles unas líneas...


jueves, 1 de abril de 2010

Donde empiezan los sueños - Lisa Kleypas


tulo original: Where dreams begin
Novela independiente
Autora: Lisa Kleypas
Género: Romántica histórica
Editorial: Ediciones b
Año edición: 2002







Zachary Bronson es un rudo irlandés que, con mucho esfuerzo y sacrificio, ha logrado convertirse en uno de los hombres más poderosos y adinerados de toda Inglaterra. Sin embargo, alguien en su situación económica necesita una esposa perteneciente a la más selecta sociedad inglesa. Con ese fin, se dirige a uno de tantos aburridos y anodinos bailes de sociedad. Después de todo, para casarse primero deberá sondear el mercado, ¿no?

Lady Holly Taylor es una viuda joven y madre de una niña, Rose. Tras un prolongado período de luto, está empezando a reintegrarse a la vida social. Pero aún no se siente con fuerzas para ello.
Instigada por sus familiares y conocidos acude a un baile en el que se siente insegura y hastiada. Cansada de sentirse observada, se retira sigilosamente a una de las habitaciones adyacentes con el propósito de abandonar la fiesta. En el camino se topa con un hombre alto, oscuro y rudo, pero peligrosamente incitante, quien, sin mediar palabra, la besa.

El impacto de aquel beso los deja a ambos profundamente alterados. Para Holly es una emoción abrumadora y subyugante que hace tambalear su anodina existencia. Para Zachary es una revelación: esa triste y solitaria viuda es la mujer que desea por esposa.

Zachary está decidido a conquistar a Holly como sea. Un hombre de su rango no ha alcanzado su situación sin luchar duramente por ello. Está dispuesto a luchar con uñas y dientes por seducir y conseguir a la esquiva y apagada viuda Taylor.
Holly se niega rotundamente a rendirse a las emociones que empiezan a brotar en su pecho. Unas tan desconocidas y tumultuosas que amenazan con dar al traste con su serenidad.

Zachary, ante las negativas de Holly, fragua un plan. Él necesita a una mujer de buena familia como esposa, pero él es un hombre embrutecido y rudo que no sabe cómo abordarlas. Necesita con urgencia a una mujer, diestra en tales lides, que lo aleccione. ¿Y quién mejor que Holly? De ese modo matará dos pájaros de un tiro: se refinará un poco (que nunca viene mal) y por otro tratará de seducir a Holly.

Pero ésta, pese a la inquietante atracción que siente por el rudo irlandés, no está dispuesta a rendirse a esa debilidad. Su condición de viuda le impide ceder a la tentación y, por otro lado, la refinada sociedad inglesa no vería con buenos ojos que la viuda Taylor se casara con alguien de la calaña de Zachary Bronson. Sin embargo, a medida que va tratando con él, buscando el modo de lograr pulir sus toscas maneras, empieza a vislumbrar una pasión y una ternura inimaginables en él. Bajo la brutalidad de sus palabras y sus zafios comportamientos, descubre en Zachary al hombre capaz de enamorarla.

Donde empiezan los sueños es, para mí, una de las mejores novelas de Lisa Kleypas. Su protagonista masculino es en gran parte el responsable de ello. ¿Por qué? Porque bajo la maravillosa pluma de Lisa Kleypas, se nos retrata a un personaje apasionado, brusco y rudo, pero infinitamente fiel, leal y con un gran corazón.
Es inevitable que a medida que lees cómo Holly se enamora de él, sientas algo parecido nacer dentro de ti.
La historia de amor entre ambos es, sencillamente, conmovedora. Ver cómo un hombre grande, fuerte y tosco trata de ser dulce y paciente con una mujer, que sin ser una belleza espectacular, hace temblar sus piernas. Leer cómo ese hombretón destila dulzura hacia la pequeña Rose. Atisbar poco a poco como Holly ve derrumbarse las defensas que crea para no rendirse a sus sentimientos por Zachary.
El libro está plagado de escenas sensuales, emotivas y cautivantes, algunas te arrancarán risas, otras lágrimas.
Pese a que en gran parte de la novela, Holly resulta demasiado severa, demasiado pendiente “del que dirán”, hasta el punto de no ceder a sus sentimientos por Zachary, poco a poco asistimos a su transformación desde una triste viuda a una joven apasionada y audaz, capaz de dar la espalda a su mundo por seguir a un hombre.

Zachary es uno de esos protagonistas inolvidables que perduran en tu memoria. Su carácter autoritario pero leal, el modo dulce pero apasionado con que trata a Holly son muy culpables de ello.
Los diálogos son atrayentes, te envuelven fácilmente en la lectura. Donde empiezan los sueños creo que es un libro maravillosamente romántico, uno de esos que relees muchas veces.
El modo en que la escritora aborda y solventa las diferencias sociales entre la pareja es conmovedor. Es fácil palpar el miedo y la reticencia de Holly ante tan importante decisión: puedes vivir su angustia y sus dudas, como es tan propio de la escritura de Kleypas. Es maravilloso leer su derrota ante el amor de Zachary, cómo lo es igualmente presenciar la magnitud de los sentimientos de él hacia ella.

Uno de los aspectos que más me emocionan de esta novela es presenciar cómo van desmoronándose las barreras que Holly erige entre ellos, la paciencia y sinceridad -a veces brutal- de él, la sensualidad que destilan muchas escenas de la pareja, las emotivas demostraciones de amor de Zachary y el que contenga, desde mi punto de vista, uno de los desenlaces más intensos, románticos y conmovedores de cuantos he leído.