Un verano, una mujer - LaVyrle Spencer

viernes, 18 de mayo de 2012

Título origina: The Candem summer
Autora: LaVyrle Spencer
Género: Histórico romántica
Editorial: Atlántida 1998



No sé por qué aún me sorprendo ante la calidad de las novelas de LaVyrle Spencer, pero lo cierto es que libro tras lo hago. Casi como si la leyera por primera vez y descubriera el increíble don que posee.

En comparación con otras de sus historias, puede que Un verano, una mujer no sea la mejor de ellas. Estoy de acuerdo, pero ¡¡cómo me ha gustado!!

Más allá de tratarse de una historia de amor preciosa, pero de amor en mayúsculas, como lo son para mi todas las de esta autora, creo que también es una novela que puede atraer por muchas otras razones. Más allá de que se trate de una historia de amor.

Sin ir más lejos, creo que se debe a la ambientación. Transcurre a principios del siglo XX, en Candem, donde nos describe cómo era la vida en aquel entonces. Aparte de trasladarnos a esa pequeña población marítima, describirnos sus calles, historia y edificios más emblemáticos, también nos describe a su gente. La mentalidad de la sociedad es aún casi victoriana, imperan los prejuicios, juicios morales y varas de medir de doble rasero. Por otro lado  nos habla de una sociedad que, tímidamente, se adentra en la era moderna, con la aparición de los primeros teléfonos, los primeros automóviles... Y es en este cúmulo de innovaciones y pensamientos arcáicos que tiene lugar la apasionante historia de Roberta Jewett.

¡¡Me ha encantado esta protagonista!! Es una mujer valiente, orgullosa, decidida, tal vez demasiado moderna o adelantada a su época, pues sin prestar atención a las murmuraciones y críticas que recibe por su actitud, decide abandonar a un marido infiel y regresar a Candem, su ciudad natal, como una mujer divorciada. Casi se diría que no puede haber nada peor por las miradas de soslayo que recibe, las murmuraciones a su espalda y la ligereza con que se la juzga. A ojos de los hombres una mujer divorciada es ligera de cascos, amoral, mientras que ellos, padres de familia y miembros respetados de Candem, echan sus canitas al aire sin que se les juzgue por ello. Al contrario, reciben una palmita en la espalda.

En un principio también Gabriel Farley la juzga erróneamente, como el resto de hombres. Pero cuando comienza a trabajar para ella, reparando la ruinosa casa que Roberta ha comprado para vivir con sus tres hijas, comienza a admirar su coraje y a verla con otros ojos: como a una mujer valiente que no rinde cuentas a nadie y para quienes sus hijas son lo más importante.

Gabriel es viudo desde hace siete años. Su vida se reduce al trabajo, tiene un negocio de carpintería y reparaciones junto a su hermano Seth, y a su hija Isobel, una tímida jovencita de catorce años.
Pero enseguida se ve arrollada por el ímpetu y la alegría desbordante de las tres niñas Jewett: Becky, Susan y Lydia. Y las cuatro se vuelven inseparables y así acercan cada vez más a sus padres, reticentes, a veces parecen sentirse atraídos, otras no llevarse muy bien...

Podría contar muchas cosas de esta novela pero lo cierto es que prefiero no hacerlo, decir solo cuánto me ha gustado.
Es una historia maravillosa, humana, cercana y dura por momentos, que ha hecho que me sacudiera por dentro, al ser testigo de la injusticia que rodea a una mujer por el simple hecho de ser divorciada. Pero ella no agacha la cabeza, no se dejar avasallar por la sociedad y vive la vida en sus términos.
Confieso que he sentido admiración, pero en mayúsculas, por Roberta. He leído novelas con muchas heroínas que me han llegado al corazón, pero pocas como Roberta. Es muy fácil ser valiente cuando se tiene una buena posición económica, respaldo o un status social, pero no lo es tanto cuando se vive en las circunstancias de Roberta.

Y como es tan habitual y tan característico de LaVyrle, nos describe a personajes muy humanos, muy reales, imperfectos, tozudos, valientes pero con honor. Son humildes, ni Gabriel ni Roberta gozan de una posición económica muy solvente, con lo que nos cuentan una historia de amor de personas sencillas, trabajadoras y de buen corazón.
A Gabriel lo veo en la línea de otros protagonistas de LaVyrle Spencer, un hombre rural, serio y trabajador, callado y un tanto taciturno, pero Roberta Jewett es un torbellino de energía.

No me extiendo más. En mi opinión Un verano, una mujer es una novela romántica histórica muy original, por la época en que acontece, humana por la infinidad de emociones y situaciones que viven sus personajes y que te transmiten, osada porque convierte a Roberta, un personaje sencillo y valiente, en alguien a emular y respetar -al menos desde mi punto de vista- y romántica, pues nos describe un amor más maduro, que regala a sus protagonistas una segunda oportunidad para amar. Y no por eso es menos dulce que el de cualquier otra novela de esta maravillosa escritora.

Sé que no es la mejor de sus novelas, pero por lo que me ha conmovido y todo lo que he sentido al leerla, la considero muy buena.

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