Sin nombre - Suzanne Brockmann

lunes, 2 de julio de 2012

Título original: Identity: unknown
8º Altos, oscuros y peligrosos
Autora: Suzanne Brockmann
Género: Romántica contemporánea
Top novel (junio 2012)




Mitchell Shaw despierta en un centro de acogida para indigentes, no recuerda quién es ni cómo ha llegado hasta allí. Salvo una herida de bala en la cabeza, una pistola y una fuerte cantidad de dinero, que esconde en una de sus botas, nada le ata al pasado. A un pasado que no recuerda. Tampoco encuentra nada en sus posesiones que le ayude a recordar o descubrir su identidad. Sólo un pedazo de papel donde hay garabateado un nombre, Rebecca Keyes, y la dirección de un rancho en Santa Fe. Así, con ninguna otra pista que seguir, viaja hasta Santa Fe pensando que tal vez allí encuentre las respuestas a sus preguntas.

Nada más llegar al rancho conoce a Rebecca, la persona que dirige el rancho y que afirma que le envió un fax. Le da un nombre Casey Parker. Rebecca cree que Mitch es Casey Parker, un hombre al que contrató poco tiempo atrás y cuya llegada esperan. De hecho lleva un retraso de varios días. Mitch no siente como suyo ese nombre pero de algún modo le resulta familiar, así que tal vez sí lo sea. En cualquier caso comienza a trabajar en el rancho y pronto se cerciora que no conoce ni está habituado a ese entorno. En cambio pesadillas y recuerdos de muerte y de él mismo empuñando un arma y disparándola a bocajarro le hacen suponer que es un asesino, un criminal, lo que le hace temer por Rebecca. La mera posibilidad de que resulte herida por su causa le hiela la sangre.

Rebecca adora los caballos y la vida en un rancho. En realidad su sueño es tener el suyo propio pero no tiene recursos, así que se conforma con trabajar en el rancho de otros. Le resulta evidente que Casey, el nuevo empleado, no ha trabajado antes en uno o que tiene poca experiencia, pero tiene voluntad y fuerza... y le atrae como hace mucho no se siente atraída por nadie. Tal vez no sea muy ético, después de todo es su empleado, pero Becca trata de acercarse a él y descubrir el misterio que lo rodea. No busca el amor ni entra en sus planes pero... es lo que encuentra.

A pesar de sus recelos y de lo incierta que es su vida, Mitch comprende que tal vez no recuerde ni posea un pasado, pero junto a Becca, tal vez, puede encontrar un futuro...

En esta nueva entrega de la saga Altos, oscuros y peligrosos, protagonizada por Mitch Shaw y Rebecca Keyes, Suzanne Brockmann nos adentra en una historia de peligros y secretos donde el enemigo más letal se esconde en uno mismo. Al menos así lo siente Mitch, ante el vacío en su mente, ante los terribles sueños que lo convierten en un asesino a sangre fría. A pesar de que siente que junto a Rebecca puede iniciar una vida nueva, los remordimientos y la culpa le impiden rendirse. Y, ante todo, sabe que sólo recordando se aclararán las dudas que lo sumen en ese pozo negro.

Aunque tardé un poco en animarme a leer las sagas de Suzanne Brockmann, se han convertido en unas novelas que siempre me reportan una buena lectura, emoción, intriga, acción y amor. Una de las cosas que más me gustan de esta saga en concreto es que a pesar de estar formada por un número elevado de libros, ninguno es igual a otro. Nunca me quedo con la sensación de volver a leer la misma historia. Cada personaje es único, diferente y así es su libro.

Ya en novelas anteriores, sobre todo Desafiando las normas, me había llamado la atención el personaje de Mitch Shaw, el Navy SEAL con entrenamiento médico, el hombre que no quiere compromisos con ninguna mujer, pues su trabajo no se lo permite, pero tampoco él mismo por un pasado que no es hasta esta novela que conocemos.

Para mí uno de los puntos fuertes de la historia es la amnesia que padece, pues a causa de ella y de las pesadillas que sufre, imagina que su pasado es oscuro y que es un asesino o un criminal.

Lógicamente nosotras, las lectoras, sabemos que no es así, puesto que lo conocemos de anteriores libros pero aún así no podemos comprender sus sueños ni discernir qué es real y que no. Pues Mitch Shaw es un hombre misterioso, incluso para sus propios compañeros. En torno a él han nacido leyendas e historias que nadie sabe si son ciertas o no, pero eso, unida a su desaparición levanta sospechas entre algunos de los miembros del escuadrón.

Creo que de mis palabras se desprende que me ha gustado mucho esta historia. Sin llegar a convertirse en una de mis favoritas de la saga -hay otras que ocupan ese lugar- es una de las que me parecen mejores. La trama está llena de intrigas que te sumergen en la incertidumbre, tanto que una parte de ti -al menos en mi caso- me hace dudar de Mitch.

En cuanto a la historia de amor que, sin duda es la que más nos interesa, me ha parecido muy bonita, entrañable incluso y muy romántica. Especialmente por lo que hace a Rebecca que se enamora de un hombre que no conoce, pero que ni siquiera él se conoce y por lo que hace a Mitch que, aun imaginándose un asesino, se convierte en héroe y protector de quienes le rodean.

También tengo que destacar el papel que juegan el resto de miembros del escuadrón que, junto a Mitch, participan en la misión encomendada por el Almirante Jake Robinson, quienes tratan de cumplir con ésta en ausencia de Mitch. Pero, en realidad, lo necesitan, lo que les obliga a encontrarlo. Entre los propios compañeros no hay unanimidad de opiniones pero la esencia que caracteriza a este grupo de Navy SEAL, la lealtad y camaradería se palpa página a página.

Sin nombre es para mí otra buena novela de las que forman la saga Altos, oscuros y peligrosos. Una historia que nos desvela nuevas facetas del serio Mitch Shaw, su pasado y como el amor lo transforma. Otra de las razones por las que diría que la novela es diferente al resto de historias es que, además de por la amnesia del protagonista que le hace dejar de lado su trabajo, gran parte de la historia transcurre en el rancho, lo que crea un marco que, al menos a mí, me gusta y se aleja de las misiones que caracterizan otras novelas. Como digo, creo que es una buena novela, romántica, llena de suspense y, cómo no, con una pequeña dosis de acción...

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