martes, 25 de septiembre de 2012

El escándalo del año - Laura Lee Guhrke


Título original: Scandal of the year
2º Plantadas en el altar
Género: Romántica histórica
Autora: Laura Lee Guhrke
Editorial: Avon January 2011
Editorial: La romántica booket
Fecha publicación: Junio 2013



A veces tienes ante ti una novela cuyos protagonistas no parecen muy compatibles. Tanto que mientras la lees te preguntas ¿cómo puede una mujer tan impulsiva, alocada y poco convencional como Julia Yardley y Aidan Carr, el correcto y siempre comedido duque de Trathen ser la pareja del libro que tienes entre las manos?
Pero es que a veces puede que una mujer divorciada y escandalosa sea la más adecuada y perfecta para un duque tan tradicional. O a la inversa.

Si La boda de la temporada me maravilló por ser una historia tan dulce, romántica y poco convencional en algunos aspectos, El escándalo del año, aun siendo una novela muy diferente, también me ha gustado. Admito que no de igual manera que su predecesora, pero estamos ante una novela más madura y más amarga, una novela que pierde ese halo divertido y dulce de La boda de la temporada para, en su lugar, contar una historia, en ocasiones, desgarradora.
En La boda de la temporada se nos presentó a Julia Yardley como una mujer casada, poco dada a seguir los convencionalismos de su clase, imprudente y escandalosa. No solo bebía y fumaba, sino que conducía a gran velocidad su coche por todo el país. Y, además, sabíamos de ella que huía y evitaba a su marido.
Julia se casó muy joven con el hombre elegido por sus padres. A ojos de todos era un gran matrimonio, pero no casó por amor, sino porque era su deber como hija. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta que Julia es muy infeliz y que esconde su desgracia tras una fachada de escándalo y descaro. Pero a lo largo de la novela vamos conociendo que se esconde tras esa rutilante apariencia.

Aidan Carr, el respetado duque de Trathern, se comprometió con Beatrix poco después de que la propia Julia los presentara. Parecían la pareja perfecta, pero el regreso de Will acabó con los planes de boda. Tras un tiempo prudencial y apagado el eco del escándalo que eso supuso, Aidan volvió a comprometerse y, por su segunda vez, volvió a ser abandonada. Esta vez fue a causa de una peligrosa combinación: Julia y champán. Como resultado del mismo, Julia fue repudiada por su marido, con lo que consiguió el divorcio, y Aidan volvió a ser plantado casi en el altar como quien dice.
Sin embargo, meses después, los caminos de Julia y Aidan vuelven a encontrarse y para desazón del duque siente, de nuevo, esa extraña e irresistible atracción hacia la escandalosa Lady Yardley.

Como bien digo antes, El escándalo del año no me tocado el corazón como lo hizo La boda de la temporada. Pero eso es porque la anterior novela era dulce, romántica y divertida, y ésta cuenta una historia mucho más cruda. No por ello no me ha calado. Sí lo ha hecho pero de diferente.

Me ha gustado el cambio experimentado por Julia y como, tras su escandaloso divorcio, encauza su vida y trata de darle un sentido. Sin embargo no es fácil para una mujer sin profesión, sin dinero ni contactos y completamente arruinada. Así que recurre al hombre que más debería repudiarla, el mismo por cuya causa su compromiso quedó roto, sí, el mismísimo duque de Trathen para que le ayuda a encontrar trabajo. Tras la desconfianza inicial, Aidan accede, pese a que es bastante complicado encontrar algo que la frívola Julia Yardley puede realizar.

A pesar de que la sociedad londinense podría volver a relacionarlos si descubren el nexo que los une, desatándose por tanto un nuevo escándalo, Aidan se convierte en el protector de Julia y, también, en casi un amigo, pues comporten un pasado en común que vamos conociendo.
Así, poco a poco, la relación en apariencia fría y distante de esta pareja va dando lugar a otra más cercana y cálida. También a que sentimientos que no parecían posibles entre la escandalosa Julia Yardley y el leal y un poco aburrido duque de Trathen.

El escándalo del año es ante todo una historia de amor entre dos personas que se nos antojan incompatibles. Creo que es ahí donde radica el éxito de la misma. Pero más que eso. Está en como Laura Lee Guhrke nos convence, ya de La boda de la temporada, que Julia y Aidan no solo se detestan sino que no existe la menor afinidad o atracción entre ellos. Evidentemente no es así, tal como descubrimos en esta nueva entrega de Abandonadas en el altar.
Puede que se deba a que no hay mayor atractivo que leer como una chica mala, escandalosa e indecorosa como Julia puede llevar por el mal camino a un hombre tan correcto, educado y formal como Aidan. Parece difícil, pero puede que no más difícil que ver como la influencia de Aidan empieza a hacerse notar también en ella, convirtiéndola en alguien casi “respetable”.

Aunque en esta ocasión la novela está envuelta en un aura más seria y oscura, Laura Lee Guhrke entrelaza pequeñas puntadas de humor y ternura para la historia resulte más emotiva y romántica. A través de saltos en el tiempo, en que se nos narra el pasado de Julia y Aidan, aquel primer encuentro y los sucesivos, vamos conociendo dos épocas diferentes en sus vidas y, también, vemos como han cambiado con el paso de los años.

Creo que es refrescante leer una novela cuyos protagonistas son más maduros, sobre todo emocionalmente, porque propicia una mayor carga emocional. No por ello me ha resultado menos divertidos o menos dulce su historia. Diferente sí. Más madura, más profunda y rodeada de más amargura que la tierna y romántica que protagonizaron Will y Beatrix.
Leer una novela de Laura Lee Guhrke siempre es una delicia. Más aún cuando logra sorprenderte, emocionarte y descubrirte personas y tramas inesperados. Y, por supuesto, todo esto en el mismo marco histórico de innovaciones y modernidad que el comienzo del siglo XX propicia y que ya me conquistó en la anterior novela.

viernes, 14 de septiembre de 2012

La boda de la temporada - Laura Lee Guhrke

Título original: Wedding of the season
1º Abandonadas en el altar
Laura Lee Guhrke
Género: Romántica histórica
Editorial: Esencia Noviembre 2012
Avon Diciembre 2010



Me confieso una de las lectores fieles y leales de Laura Lee Guhrke. No hay una novela suya que no lea; no hay ni una sola de la que piense “ésta no me atrae”. Me tiene conquistada su prosa ágil, elegante y en ocasiones divertida; me llega al corazón con la manera tan fácil y sutil como te deja con las emociones a flor de piel. Sí, en definitiva, ¡me encantan sus novelas!

Y como no podía ser de otra forma, una vez más he disfrutado, me he emocionado e incluso reído con una nueva novela: La boda de la temporada. Novela que da comienzo a una nueva saga, Abandonadas en el altar. Como curiosidad tengo que destacar que esta saga nace de Las chicas de Little Russell o Las solteronas. Es lo que se dice en inglés un “spin-off”.

A estas alturas, después de tantas y tantas novelas leídas, tal vez sea difícil encontrar una que te sorprenda, de la que puedas decir “es diferente”. También porque la realidad es que a veces no son muy diferentes. Pero Laura Lee Guhrke siempre lo consigue. Al menos a mí me lo parece. Es la sensación que me queda novela tras novela.

El punto de partida de La boda de la temporada puede que, a priori, no sea muy novedoso. Will y Beatrix se conocen de toda la vida. Eran vecinos y con el tiempo se hicieron amigos. Pertenecían al mismo círculo social. Se enamoraron cuando aún eran niños y en cuanto tuvieron la edad apropiada, Will le pidió en matrimonio. Todo parecía perfecto, uno de esos enlaces destinados a ocurrir para unir dos antiguas familias, pero poco antes del matrimonio Will recibió una propuesta a la que no supo ni pudo negarse: unirse a una expedición arqueológica en Egipto.
Lo cierto es que Will siempre fue un apasionado de la arqueología. Tal vez fuera un interés muy poco propio de un duque (en aquel entonces el marqués de Richfield), pero sus inquietudes no estaban en el ducado de Sunderland ni en la Cámara de los Lores. Al contrario, las obligaciones de los nobles le asfixiaban. Así que cuando se le presentó la oportunidad de hacer realidad su sueño, quiso que Beatrix, su prometida, le acompañara. Pero ella no aceptó.
Al contrario que Will, Beatrix Danbury siempre tuvo muy claro cuál era el papel que iba a desempeñar en la vida. Siendo hija de un noble, se la educó para convertirse en la esposa perfecta asumiendo sus responsabilidades y obligaciones, no como hizo su madre que huyó con un amante a París para dedicarse a su pasión: la pintura.
Pero seis años más tarde, cuando por fin Beatrix ha superado el dolor por la ruptura de su compromiso, cuando está a punto de casarse con el apuesto duque de Trathen, un hombre con el que le une una visión de la vida muy similar, afecto y un profundo respeto, Will regresa a Inglaterra. Cuando Beatrix se encuentra con él, literalmente, pasa de largo y lo deja a su suerte en un solitario camino. Esta vez está decidida a casarse, esta vez su boda no será suspendida. Nada ni nadie se lo impedirá.

Puede que el argumento no brille por su originalidad, pero lo cierto es que a mí me ha parecido una novela diferente, dulce, divertida y romántica, y la he terminado con una sonrisa en los labios. Es una de las historias de Laura Lee Guhrke con las que más me he divertido y emocionado y, también, una de las que más en vilo me ha mantenido. Lo cierto que ha habido momentos en que no podía imaginar cómo iba a terminar la historia, a pesar de que, de algún modo, puedes suponerlo. Porque el final debe ser feliz, pero con estos protagonistas todo podía pasar.

Una de las razones por las que esta novela pasa a ser una de mis preferidas -con esto no quiero decir ni mucho menos que sea la mejor de esta escritora, pero a mí es una de las que más me han gustado- es la época en que transcurre.
No es una novela de La Regencia. La novela tiene lugar entre los años 1896 y 1901. Recuerdo que la propia Laura Lee Guhrke comentó en una entrevista que le apetecía mucho escribir una novela romántica ambientada en los años 20, pero que, de momento, los editores le habían pedido que continuara escribiendo sobre La Regencia.
No se si esta saga sea un primer paso para dejar atrás las historias en La Regencia, porque desde luego a mí el resultado me ha entusiasmado. Con lo que espero que algún día escriba esa novela ambientada en los años 20. Si La boda de la temporada es un adelanto, yo desde luego la leería.

La primera que aparece Beatrix en La boda de la temporada lo hace conduciendo un coche. La historia tiene lugar en una época en que la modernidad comienza a asomar la cabeza, con la aparición de los primeros coches. Y Lady Beatrix, educada para convertirse en la perfecta esposa de un duque, conduce uno. Pero pese a ello, Beatrix sigue siendo el epítome de la hija de un noble. Conducir es una válvula de escape, una vía a la que su excéntrica y poco convencional prima Julia, la arrastra y al hacerlo, Beatrix se percata de cuanto le gusta.
Y como la época misma, Beatrix es una mujer dividida entre las ancestrales tradiciones y la rigurosa educación recibida, y un mundo lleno de posibilidades más allá de su alcance.

Por el contrario Will que regresa convertido en el duque de Sutherland, lo hace nada más que para cumplir con algunas obligaciones y recaudar más fondos para continuar con las excavaciones en Egipto. Cree estar a punto de desenterrar la tumba de Tutankamon. Desgraciadamente el ducado le ha dejado más deudas que beneficios y tiene que encontrar un benefactor, alguien dispuesto a invertir en la excavación aunque la idea le desagrada.
Sin embargo, y a pesar de tener muy claros sus planes, cuando se reencuentra con Beatrix vuelven a aflorar sentimientos largamente enterrados y con ellos recriminaciones y sueños nunca olvidados.

Otra de las razones por las que me ha conquistado La boda de la temporada son sus protagonistas. En apariencia son un hombre y una mujer que se comprometieron tanto porque era lo que se esperaba de ellos como por amor. Por nacimiento, eran la pareja perfecta, pero además fueron bendecidos con el amor. Sin embargo bajo la superficie son personas que anhelos e ideales, tal vez, poco compatibles. Beatrix sigue las normas, las acepta y no se rebela. Will persigue un sueño y sabe que su felicidad está entre las ruinas de una excavación, no en su ducado. Pero seis años lejos de Beatrix le hacen pensar en muchas cosas y, sobre todo, en ella. ¿Vencerá el amor o los convencionalismos sociales? ¿Podrá más el deseo de una vida juntos que una vida de aventuras?
Confieso que ha llegado un momento en que entendía tanto a Beatrix como a Will. Ésa es otra de las razones por la que he disfrutado tanto leyendo esta historia, puedes ponerte en la piel de los dos.

Si la novela no cuenta con suficientes razones para atraparnos en una vorágine de dudas, encuentros y desencuentros, la presencia de Aidan, el duque de Trathen, añade más. Porque aun siendo el tercero en discordia, lo cierto es que es un hombre leal, honrado, serio y responsable, quien, al contrario que Will, tiene la convicción de saber qué debe hacer y cuál es su deber para con su título. Es por tanto, en algunos aspectos, más afín a Beatrix que el propio Will. Pero en este triángulo intervienen también los deseos y sentimientos. Y cuando Will, Beatrix y Aidan terminan pasando unos días en una casa de campo, propiedad del marqués de Marlowe (el protagonista de Y entonces él la besó), los acontecimientos se desarrollan de un modo un tanto inesperado. Obligados a convivir bajo el mismo techo, Beatrix se encuentra junto a su actual prometido y el anterior. Evidentemente aquí transcurrirán muchas cosas que marcarán el curso de la historia, aunque el final sigue siendo tan incierto o más que al comienzo.

Como menciono al principio esta saga está relacionada con la de Las chicas de Little Russell. En La boda de la temporada aparecen algunas de las antiguas solteronas, como Emma, ahora la marquesa de Marlowe, a las que les une una amistad tanto con Beatrix como Julia.

La boda de la temporada es una novela refrescante, divertida, emotiva y romántica que nos traslada a principios del siglo XX. Nos describe una sociedad en la que con el cambio de siglo se producen grandes avances. La sociedad cambia, así como las personas y es en ese marco -en mi opinión tan atractivo y lleno de posibilidades- en el que se desarrolla la historia de Beatrix y Will. Una historia de segundas oportunidades y de nuevos comienzos; una historia dividida entre dos mundos y dos realidades. En definitiva, una lectura con la que he disfrutado muchísimo y que estoy segura releeré en un futuro muy cercano.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Una chica a la moda - Susan Elizabeth Phillips

Título original: Fancy pants
2º Wynette, Texas
Autora: Susan Elizabeth Phillips
Género: romántica contemporánea
Editorial: B de bolsillo
Septiembre 2012






Hija y nieta de diseñadoras de moda, Francesca fue criada y mimada en exceso, con la única preocupación de que se convirtiera en una mujer bella, elegante y caprichosa, capaz de poner a sus pies a cualquier hombre. Hasta la repentina muerte de su madre, Francesca vivió entre algodones pero, de la noche a la mañana, se queda completamente sola en el mundo. Sin estudios ni el coraje para salir adelante,  ni siquiera un amigo que le tienda la mano, se ve obligada a ir vendiendo sus propiedades hasta que se encuentra en la ingrata necesidad de tener que trabajar. ¿Pero cuál puede ser la profesión de una joven tan delicada, refinada y bella como poco preparada? Descartando el mundo de la moda, ya que aunque es una joven hermosísima su estatura no es la apropiada, ve en el cine una salida a sus problemas económicos y cuando un director le ofrece un papel en su nueva película no se lo piensa dos veces y viaja desde Inglaterra hasta Estados Unidos. Pero nada sucede según sus planes y su meteórica carrera como estrella del celuloide se estrella antes de empezar.

Dallas Beaudine es un joven y atractivo jugador de golf. Desde los dieciséis años lleva una vida errante, de torneo en torneo de golf con la única compañía de Skeet, su inseparable caddie. Aunque es un buen jugador, no ha llegado nunca a ganar alguno de los torneos más importantes y es la eterna promesa que no termina de despegar. Su estilo de vida lo han convertido en un joven solitario y un tanto excéntrico que va de hotel en hotel, bebiendo cerveza y recogiendo perros abandonados a su paso.

De regreso de un torneo de golf, Skeet y él se encuentran a una joven inglesa que camina por un polvoriento camino de Texas, vestida con un incómodo y escotadísimo vestido de época y cargando una Louis Vutton. Como si de un animal abandonado más se tratara, Dallie la recoge y la lleva consigo. Poco tarda en comprobar que Francie -como él la llama- no tiene la docilidad ni es tan agradecida como cualquiera de los perros vagabundo que recoge y, por supuesto, es mucho más atractiva. A pesar de pertenecer a dos mundos opuestos, la atracción no tarda en nacer entre ellos ni las diferencias existentes a ser mayores e insalvables.
Malos entendidos y un bagaje emocional muy pesado se interponen entre Francie y Dallie separándolos durante más de diez años. Pero cuando años más tarde se reencuentran, para sorpresa de Dallas Beaudine, nada queda de la frívola e inexperta jovencita inglesa que recogió de una polvorienta carretera. La nueva Francesca Day es una mujer nueva, independiente y de éxito. Lo que no ha cambiado es la atracción que un día nació entre ellos.

Con cada novela que leo de Susan E. Phillips descubro una nueva faceta de esta escritora que no me deja indiferente. Pese a ser una novela que fue escrita en 1989, con lo que es bastante antigua, Una chica a la moda me ha sorprendido, emocionado, divertido y conmovido como sólo lo consiguen las historias de esta autora.
Una chica a la moda nos narra la vida de Francesca Serritella Day incluso desde antes de su nacimiento, describiéndonos sus raíces y el entorno en que nació y se crió. Nos cuenta la historia de una mujer que vivió rodeaba de lujos, codeándose de príncipes, viajando por todo el mundo y viendo siempre cumplidos  todos sus caprichos.
Pero igual que un día lo tuvo todo, también lo pierde: su casa, su familia, sus amigos, sus vestidos... incluso el orgullo y la dignidad. 
Sin embargo, y ahí radica para mí la magia de esta historia, Francie renace de sus cenizas, cura sus heridas y se convierte en una mujer nueva en la que ni siquiera Dallie, el hombre del que se enamoró por primera vez, puede reconocer a la que un día conoció.

Como es habitual en cualquier libro de esta autora, nada es lo que parece. Ni los personajes son planos, sino que poco a poco van mostrando facetas que esconden tras una fachada de frivolidad, indiferencia o indolencia, ni la trama es tan excéntrica como da la impresión en ocasiones. Y, sobre todo, los personajes de esta historia son imperfectos y van madurando y aprendiendo de sus errores y debilidades.

Sin duda es Francie, la protagonista, la que más me ha sorprendido. Pues muestra una evolución de la que, tras leer las primeras páginas, no creerías si no eres testigo de ello. Tengo que confesar que este perfil de protagonistas, mujeres que de entrada no suelen despertar la simpatía de las lectoras o con las que es difícil identificarse, suelen gustarme, justamente por ser un prototipo diferente, imperfecto. 
Pero, sinceramente, todos los personajes que forman parte del elenco de Una chica  a la moda me han atrapado en un momento u otro: Dallie, ese hombre en apariencia con todo para conseguir el éxito, rodeado siempre de mujeres bellas y de oportunidades que no logra aprovechar pero que se ha rodeado de una coraza que nadie consigue eliminar; Skeet, el leal y brutalmente sincero caddie de Dallie, Holly Grace, una actriz y modelo que termina convirtiéndose en una persona importante tanto para Dalli como Francie,  Gerry un activista y pacifista que con sus extravagancias y inmadurez introduce una nota cómica y, también, original en la historia; el pequeño Teddie y los tantos jóvenes acogidos...

Una chica a la moda es una novela que gira en torno al golf, pero en realidad no es el punto más importante de la historia. Ni tampoco guarda similitud alguna con la serie de los Chicago Stars, a pesar de tratar sobre deportistas. En mi opinión es una novela más seria,  más en la línea de otras novelas como Ella es tan dulce o Besar a un ángel, donde la madurez y crecimientos emocional de la protagonista es la clave de la historia.

Para mí es una de las mejores novelas de esta autora, a pesar de ser muy extensa, a pesar de que la historia romántica en sí tarda un poco en dar inicio y de ser de sus primeras obras escritas.
Es una novela que me ha conmovido, divertido y sorprendido de principio a fin, una novela que no me ha dejado indiferente por su originalidad, magia y emotividad. Una de ésas que me provoca mariposillas en el estómago y al llegar a la última página volvería a leer.


martes, 4 de septiembre de 2012

Any man of mine - Rachel Gibson

Título: Any man of mine
6º Hockey Team Chinooks
Autora: Rachel Gibson
Romántica contemporánea
Avon
April 2011






Cuando comienzo una nueva novela de Rachel Gibson imagino una historia divertida, refrescante y sexy porque es el tipo de historias que suele escribir. Tal vez con excepción de The trouble with Valentine's day, que difiere bastante pero que, tal vez por eso, me gustó de especial manera, son características que se repiten en todas y cada una de las que he leído.
En Any man of mine no he encontrado exactamente eso, pero he sido incapaz de despegarme del libro y, al acabar, me ha dejado con una sonrisa en los labios. Porque, en sus páginas, esta novela destila dulzura y romanticismo de principio a fin.

Pero lo cierto es que cuando empecé a leerla tuve la vaga sensación de estar ante una novela que ya había leído. Y no porque se parezca a la de ninguna otra autora. ¿Por qué entonces? Puede que se deba a que Any man of mine tiene algunas coincidencias con Simplemente irresistible que paso a detallar: en ambas los protagonistas son jugadores -obviamente de los Chinooks- que en un momento de sus vidas, con borrachera de por medio, tienen una aventura de fin de semana con mujeres a las que acaban de conocer y a las que, poco después, abandonan. Sí, no es el ideal romántico y sí, ellas son las protagonistas de la novela.
Pero pese a ese sabor con cierta familiaridad que describo, he disfrutado muchísimo con Any man of mine. Me encanta el estilo fresco y desenfadado de Rachel Gibson. Me gustan sus novelas sobre los jugadores de hockey de los Chinooks. Me gustan las novelas de segundas oportunidades... Y me gustan las novelas que logran sorprenderme. Como ésta.

Any man of mine es la sexta de las novelas que componen la saga del equipo de hockey de los Chinooks. Da comienzo el día de la boda de Ty Savage y Faith Duffy, los protagonistas de Amor verdadero y otros desastres.
Autumn Haven es la organizadora del enlace y se reencuentra con su ex-marido, Sam, al que hace dos años que no ve. Se casaron seis años atrás en un loco y frenético fin de semana en Las Vegas, tras el cual Sam la abandonó y no volvió a saber de él hasta que le llegó la solicitud del divorcio. De ese efímero matrimonio nació un hijo, Conner, un niño de cinco años al que Sam no ve con mucha frecuencia -al menos en los dos últimos años- y sólo a causa de él tienen algún contacto.
A raíz del encuentro en la boda, Autumn y Sam vuelven a verse con cierta asiduidad. Sam está en mitad de la temporada con los Chinooks, a punto de emprender una serie de viajes que le obligarán a recorrer el país y le mantendrán alejado de Conner. De modo que quiere pasar con él todo el tiempo posible y eso implica que, inevitablemente, tendrá que ver a Autumn.

A raíz de esos encuentros Sam ha notado que Autumn parece no perder los nervios con tanta frecuencia en su presencia, incluso se amolda a sus caprichos cambiando sus planes y horarios para que él vea a Conner. Sam quiere pasar más tiempo con Conner y dejar de sentirse el padre que siempre que juró que no sería, uno sin tiempo para su hijo, tal como lo fue el suyo. Y, claro, eso significa también ver a su ex-mujer.
Autumn está bastante sorprendida del repentino interés que Sam muestra en pasar tiempo con Conner. Por una parte le alegra, por otra no cree que vaya a durar. Pero por el bien de su hijo incluso se muerde la lengua cada vez que ve a Sam y oye o soporta alguna de sus frivolidades y caprichos de superestrella del hockey.

Y a medida que el reencuentro se produce y repite, nos preguntamos qué sucedió entre ellos, cómo es que se casaron si parecen soportarse más bien poco. Así, se van intercalando saltos en el tiempo que nos trasladan seis años atrás, a Las Vegas, y conocemos con todo detalle lo acontecido aquel fin de semana. Pero al mismo tiempo somos testigo del cambio que va produciéndose en ellos y entre ellos. Porque de pronto todo el dolor que Autumn sentía parece no ser tan fuerte y porque Sam comienza a ver a Autumn con otros ojos.

Sam se pregunta a menudo por qué se casó con Autumn. Sencillamente no es su tipo, léase alta, delgadísima y pechos XXL. Lo achaca al alcohol y al momento en que se encontraron y, bueno, porque en Las Vegas puede pasar cualquier cosa.
Autumn no ha superado el rechazo y la humillación por el abandono de Sam con solicitud de divorcio y pruebas de paternidad incluidas. A diferencia de Sam ella se casó locamente enamorada, pero Conner es la persona más importante de su vida y si por él debe hacer un esfuerzo y tratar a su ex-marido con educación, madurez y corrección, así lo hará.
Lo malo es que Sam se parece menos al arrogante y vanidoso jugador de hockey con el que se casó y más a un hombre que parece querer formar parte de su vida.

A diferencia de otras novelas de Rachel Gibson en las que predominan las escenas divertidas y alocadas, en Any man of mine no abundan. Es una novela más sencilla, más “seria” que nos muestra a unos protagonistas que parecen despreciarse y entre los que no queda más que rencor y arrepentimiento. La relación entre ellos es en ocasiones tirante, incómoda. Pero -y eso es lo que en mi opinión hace de ésta novela singular- poco a poco se nos muestra como esos personajes nos desnudan facetas ocultas de sí mismos.
Lo cierto es que llega un momento en que puedes ponerte tanto en la piel de Autumn como en la de Sam. Creo que es una de las características de Gibson, y comprender un poco a ambos. De entrada confieso que es Autumn la que me ganó porque tiene un halo vulnerable y porque, realmente, es la que provoca más empatía, pero los protagonistas canallas como Sam tienen algo que, al final, logran conmoverte un poco.

No quiero contar qué sucede ni cómo evoluciona la relación de Sam y Autumn, pero basta con decir que me ha parecido una historia romántica en la que la paciencia, la fortaleza y la valentía son piezas clave en su evolución. Y, ¡cómo no!, Conner juega un papel vital. Además, y como es habitual en esta autora, es un niño que logra cautivarnos por su naturalidad, espontaneidad y dulzura.

La novela también cuenta con bastantes personajes secundarios a los que ya conocemos de otras novelas como Ty, Faith, Mark o Jules. Y tengo que destacar a Vince, el hermano de Autumn, un ex-marine grande y con cierto misterio a su alrededor cuya historia te provoca conocer cuanto antes.

En definitiva, para mí se trata de otra bonita novela de Rachel Gibson. Autora de la que me gusta leer todas sus novelas porque unas serán mejores, otras peores, pero siempre me dejan con mariposillas en el estómago. Como Any man of mine.
Una historia de segundas oportunidades, de madurez emocional, de perdón y, por supuesto, de amor.