La divinidad del hombre (leyenda hindú)

viernes, 9 de agosto de 2013



Cuenta una antigua leyenda hindú que hubo un tiempo en el que todos los hombres que vivían sobre la Tierra era Dioses. Abusaron y se jactaron tanto de su divinidad que Brahma, el Dios Supremo, decidió castigarlos privándolos del aliento divino que yacía en su interior. El gran dios, muy disgustado, decidió esconderlo en un lugar donde jamás pudieran encontrarlo ni hacer uso de él para el mal.

Así, Brahma convocó a todos los dioses menores para, juntos, encontrar un enclave adecuado donde ocultarlo. Pero el gran problema era dar con ese lugar.

“Escondámoslo en las profundidades de la tierra”, propusieron los otros dioses.

“No”, se negó Brahma, “no será sufiente. Antes o después el hombre excavará en lo más profundo de la tierra y dará con él”.

Los dioses menores propusieron entonces:

“En tal caso sumerjámoslo en las profundidades del océano”.

“Tampoco”, respondió Brahma, "más tarde o más temprano el hombre aprenderá a sumergirse en el océano y, también allí, lo encontrará".

“En la montaña más alta”, propusieron entonces los dioses.

“No”, volvió a negarse Brahma, “pues llegará el día en que el hombre ascenderá a todas las montañas de la tierra y recuperará su divinidad”.

Desconcertados, los dioses menores se dieron por vencidos, convencidos de que no existía ningún lugar donde el hombre no pudiera encontrar, algún día, el aliento de los dioses.

Entonces Brahma habló y dijo: “Escondedla dentro del mismo hombre; jamás se le ocurrirá buscarla allí”.

Así lo hicieron.

Oculto en el interior de cada ser humano hay algo divino. Y dice la leyenda que, desde la noche de los tiempos, el hombre ha recorrido la tierra a lo largo y ancho, descendido a los océanos y alcanzado las cimas de las montañas más altas buscando ese don que lo asemeja a un Dios, sin saber que siempre la ha llevado en su interior.

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