domingo, 6 de octubre de 2013

El amor en tiempos de crisis




 ¿Quién no recuerda esa escena de Lo que el viento se llevó en la que Scarlett, arrodillada entre los escombros de Tara, jura que ni ella ni los suyos nunca volverían a pasar hambre?
Sin duda es una de las grandes escenas que están en la retina, o el recuerdo, de numerosas lectoras románticas a las que nos enamoró este libro (o película, incluso ambas).
Sinceramente, quizá en los tiempos en que vivimos no sea un aliciente leer un libro que acontece en época de penurias, pero es obvio que no siempre los obstáculos que se interponen entre el héroe y la heroína de una novela son el desamor, la infidelidad o la desconfianza.

A veces son cuestiones materiales, o es la época en la que les ha tocado vivir lo que impide la culminación de sus sentimientos, o la política vigente que propicia acontecimientos que los distancian; a veces es la distinción de clases que los coloca en escalafones diferentes alejándolos, o la religión o las creencias...

¿Qué sucede cuándo es la realidad histórica (pasada o presente) la que no permite a nuestros protagonistas alcanzar el “y fueron felices para siempre”?

¿Por qué siempre una historia de amor tiene que nacer entre algodones, en la abundancia, en castillos o elegantes mansiones en Mayfair o Manhattan? ¿Por qué no en barrios humildes, en aldeas devastadas o en mitad de una guerra?

¿Qué sucede que si el amor entre ese héroe y esa heroína naciera en tiempos de crisis? No digo que sea en nuestra época, nuestro entorno... Sinceramente no me apetece nada, pero no dejo de preguntarme si...
¿Puede ser romántica una historia que nace entre sombras, intrigas o tiempos aciagos? ¿Tienen que ser o convertirse en ricos riquísimos para ser felices?

Tal vez sean muchas las novelas que nos describen una época y un entorno donde las comodidades y privilegios que el dinero puede ofrecer son importantes. Porque digamos lo que digamos, por desgracia, algo tan material como el dinero y las posesiones, es necesario. Porque no sólo de amor vive el hombre.

Pero, ¿puede ser romántica una historia que nace en tiempos de crisis y desesperanza? ¿Puede el amor eterno que se describe en nuestros libros sobrevivir a la pobreza o las crisis?

¿Puede una escritora lograr tocar las teclas adecuadas de nuestro corazón y hacer que lo imposible, o poco probable, parezca posible, que la lectora o lector más incrédula o desconfiada crea durante el tiempo que dura la lectura que existe un amor que todo lo supera aun en una época de crisis e inestabilidad?
E importante, obviamente también, es, ¿quieren las lectoras leer este tipo de novelas menos dulces y soñadoras?


* imagen extraída de bancodeimagenesgratis.com


3 comentarios:

  1. Claro que puede, a mi las novelas de Noelia Amarillo, que son entre gente corriente como "Suave como la seda" en que la protagonista está en una situación realmente mala y el protagonista masculino es zapatero remendón, o incluso un sin techo como en el caso de Jared, el protagonista de "Quédate a mi lado", me han encantado y me han parecido inmensamente románticas.
    Feliz domingo.

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  2. Depende. He leído de todo en las reseñas, desde lectoras que se quejaban de que un prota secundario moría, o que incluso le disgustaba que los protagonistas principales cumplieran años!!!! creo que hay una diferencia entre la novela romántica y la novela rosa, y es esa precisamente. La novela rosa solo trata un amor acaramelado donde todo son sonrisas, y los sufrimientos hay que cogerlos con pinzas para no "dañar" la sensibilidad de ciertas lectoras.
    Por mi parte adoro lo romántico y dramático a la vez, esas historias que te parten el corazón pero que no olvidas jamás. Detesto los argumentos "aguados", y precisamente por eso no los escribo.
    Buena reflexión!

    Un beso.

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  3. Tantas etiquetas me confunden. Sinceramente no diferencio entre novela romántica y novela rosa, para mí son lo mismo con distinto nombre. Creo que una novela romántica o rosa se caracteriza, entre otras cosas, por tener siempre un final feliz. No abogo por los finales tristes, dramáticos, sino que planteo la posibilidad de una historia sin edulcorar (o no demasiado, algo sí obviamente para eso es romántica) y más realista, tal vez.
    Mi inquietud va un poco en la dirección de lo que cuenta Mahya; ¿por qué los protagonistas tienen que ser siempre ricos?
    Bueno... voy a confesar algo que es de donde parte esa reflexión.
    Desde hace tiempo estoy escribiendo una novela, donde la época histórica y los acontecimientos que ocurren son óbice para la historia de los personajes. Es por un poco ello que me planteo estas cuestiones.
    También situaciones como las que hoy vivimos me lo hacen pensar en situarlas en una novela.
    Por otra parte creo que es importante conocer qué nos gusta leer a las lectoras, pero al final creo que cuando escribimos, cuando te pones ante el ordenador o el papel, esa historia que vas a contar debe nacer del corazón y si eso significa no "aguar" el argumento, pues a lo mejor hay que arriesgarse, ¿no?
    Bueno... son divagaciones mías.
    ¡Muchas gracias por responder! Creo que las tres pensamos más o menos parecido en este tema.
    Un beso

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