domingo, 14 de junio de 2015

Blackmoore - Julianne Donaldson

Título original: Blackmoore
Autora: Julianne Donaldson
Género: Romántica histórica (La Regencia)
Editorial: Libros de Seda
Publicada: Febrero 2015







Para las mujeres de su tiempo, 1820, como Kate Worthington hay un único destino: casarse. Pero Kate sueña con viajar a la India y ser como su tía Charlotte, una mujer que ha elegido la soltería, recorrer el mundo y vivir aventuras en lugar de dejarse llevar por los convencionalismos. 
Kate tiene una familia que, con excepción de su hermano Oliver, detesta. Odia la hipocresía e histrionismos que son el pan de cada día para su madre y hermanas; detesta la actitud consentidora y aséptica de su padre que vuelve la mirada ante la escandalosa actitud de su esposa.

Pero Kate tiene otro anhelo, el mismo que ha sido su aliento desde la niñez: visitar Blackmoore, la majestuosa mansión que corona los acantilados, cerca del pueblo de Robin Hood's bay, el legado familiar de su amigo de la infancia Henry Delafield.

Pero, con el corazón roto, Kate, que hasta que cumplió catorce años llamada Kitty por todos, ha visto como verano tras verano Henry y su hermana Sylvia, sus queridos amigos y vecinos, viajaban a Blackmoore a pasar la estación estival mientras ella no era invitada.
Para Kate Blackmoore representa la libertad, una vía de escape a una vida encorsetada, llena de convencionalismos y obligaciones, donde no puede dejar a su verdadero yo brotar, estirar las alas y volar.  Sólo a través de la música, especialmente de Mozart, Kate puede escapar de los confines de una vida monótona.

Cuando da comienzo la novela sucede lo inesperado y Kate recibe una invitación para pasar el verano en Blackmoore. Kate cree levitar de felicidad hasta que su madre, furiosa con ella por haber rechazado la propuesta de matrimonio del señor Cooper, un viejo decrépito con un pie en el más allá, le prohíbe ir.  Finalmente, con la siempre leal ayuda de Henry, logran revertir la situación y su madre le permite ir, pero bajo un juramento. Promete que accederá a dejarla viajar a la India si antes rechaza tres propuestas de matrimonio.
Kate accede, alborazada, en la tesitura de cómo lograr esas tres propuestas y viaja hacia Blackmoore. 

A su llegada a la magnífica mansión, entre los páramos con el brezo en flor y los acantilados,  Kate no recibe la bienvenida que soñaba; al contrario. Consternada, descubre que la viuda Delafield no la recibe con los brazos abiertos precisamente; además, la señorita Juliet St. Claire, la joven con la que presumiblemente Henry va a comprometerse, también pasará allí el verano.
Pronto comprende Kate que la imagen que se había hecho de Blackmoore era un tanto idealizada y, una vez más sintiéndose sola, medita cómo lograr su propósito. Recurrirá a su querido y leal amigo Henry, decide.
Pero una vez logre esa ayuda, ¿será capaz de rechazar lo que, tal vez, en secreto ansía su corazón?

Quedé tan cautivada por Edenbrooke que me cosquilleaban las manos por coger entre ellas el libro de Blackmoore. Si bien es una historia diametralmente opuesta, me ha conquistado tanto como Edenbrooke. No podría decir cuál de ellas me ha gustado más, pues, de diferente manera, ambas me han llegado al corazón.
Ambas nos envuelven en la neblina romántica que rodea las novelas con ese aire intangible de Jane Austen: a una sociedad donde el papel de la mujer es el que es, donde las aspiraciones de las mismas son muy reducidas y aquéllas que tratan de volar fuera de esos confines son atípicas, señaladas y criticadas. Como lo fue la propia Jane Austen, pero ésa es otra historia.

A diferencia de sus hermanas, Kate no desea casarse. No cree en el amor; no confía en que su eternidad ni en las promesas atadas a él. Sólo quiere volar, lo que en su época y circunstancias equivale a viajar a la India. Ve en su tía Charlotte a una heroína, una mujer poco convencional que ha roto con las etiquetas y obligaciones sociales, con el papel al que también fue confinada.
Pero Blackmoore es una novela romántica y, como tal, esconde una preciosa historia de amor, además de la historia de madurez de su heroína.
Kate puede no creer ni buscar el amor, pero irrumpe en su vida, pese a que lleve años negándolo, ocultándolo y disfrazándolo de otros sentimientos.

Si Edenbrooke era la historia de un amor no correspondido -a ojos de la dulce Marianne-, Blackmoore nos cuenta la de un amor imposible. Así, mientras una novela era dulce y esperanzadora, otra es en ocasiones más amarga y más triste. Como si las brumas que envuelven los páramos y los acantilados inundaran el alma de Kate Worthington.

Kate me ha dejado con el corazón encogido en tantas y tantas ocasiones que, pese a la tristeza que me provocaban sus actos, era incapaz de dejar de leer. Porque me sentía en esa jaula que encierra  a Kate, con el corazón tan oprimido como el suyo y necesitaba ver cómo se liberaba.

La historia es igualmente preciosa, rodeada de otro cariz como digo, pero cuenta una bonita trama ambientada en La Regencia donde una jovencita desea escapar de las normas sociales, los escándalos, los rechazos y el temor a ser diferente; desea huir donde el amor no la alcance y no deba seguir, en silencio, sufriendo ante lo que puede ser. 

Debo confesar que así como desde el principio, como se dice, calé a Philip Wyndham, el protagonista de Edenbrooke, y veía sus sentimientos, en el caso de Henry Delafield es más complicado. Henry es más hermético, más formal. Es un joven educado con un deber. Pese a que tanto Philip como él tienen ese deber, a Henry le fue inculcado desde niño y fue criado en esa certeza a diferencia de Philip. A Henry, tal vez, nunca se la había pasado por la cabeza rebelarse.

Sólo cuanto la novela se fragmenta alternando retazos del pasado y presente podemos conocer cuáles son los sentimientos de Henry, vislumbrar cómo evoluciona y hasta donde está dispuesto a llegar. Y cuando sucede...¡oh, cuándo sucede! Es tan romántico y tan sentido que me pasé gran parte del libro con los sentimientos a flor de piel.

Julianne Donaldson me tiene cautivada con sólo dos novelas publicadas. Me fascina cómo con suma sencillez, en un marco que tal vez no presagiaba sorpresas -hasta que lees su primera novela- es capaz que crear unas historias de amor tan conmovedoras y románticas, al mismo tiempo que la época en que acontecen inunda la trama y es parte esencial de la misma y, también, sin recurrir a escenas de sexo ni subidas de tono. Sin embargo tengo que admitir que la escena del beso es preciosa, conmovedora y una de los besos más seductores que he leído en una novela romántica. 


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